Gene Savoy
"Voy a explorar hasta que el cuerpo me lo permita"
Hace más de 40 años que hace expediciones en nuestro país, y a él se le deben innumerables descubrimientos, desde Vilcabamba hasta los emplazamientos del misterioso reino Chachapoya, y de lo que podría ser el mítico El Dorado. En estos tiempos de tecnología que mira al futuro, sus expediciones son un viaje a nuestro pasado histórico.
Todo empezó con un documental espectacular en Discovery Channel, de esos que a uno lo dejan pegado a la pantalla aun cuando es de madrugada y el sueño arrecia. Esta vez, el escenario eran las selvas de San Martín (Provincia del Huallaga, Ciudad de Saposoa) y Amazonas, en el oriente peruano. El personaje, una suerte de Indiana Jones con bigotes y menos parafernalia, y los hallazgos, impensables momias en lo alto de las montañas, numerosas edificaciones que la densa vegetación había ocultado por siglos y un pasado totalmente organizado, administrado y misteriosamente desaparecido.
El líder de la expedición y su equipo estaban una vez más en el mundo de los chachapoyas y buscaban demostrar no sólo que el gobierno inca conquistó la selva húmeda del Antisuyo, sino que el ansiado y escurridizo El Dorado existió y se esconde entre neblinas, marañas y leyendas. Acostumbrados como estamos a la totalmente válida importancia de Machu Picchu, Chanchán o Sipán, es imposible no quedarse boquiabierto al constatar el espectacular desarrollo de los chachapoyas, algunos de cuyos emplazamientos han sido descubiertos hace apenas algunos años; entre ellos, por ejemplo, el Gran Saposoa, un complejo prehispánico con más de 500 edificaciones levantadas en una zona agreste y de muy difícil acceso. ¿Cómo hicieron? A sus 74 años, Gene Savoy, el protagonista del documental e incansable explorador, sigue buscando ésa y muchas otras respuestas.
Numerosas expediciones
Llegué al Perú en 1957, como camarógrafo encargado de filmar una expedición arqueológica en la zona este del Perú, pero mi interés en las culturas americanas comenzó mucho antes. Fui miembro de
la Sociedad Arqueológica de Oregón, y aunque hasta ese momento había sido un hobby, mi background en historia precolombina hizo que me interesara en culturas mesoamericanas y peruanas, en particular la incaica, y especialmente la de los últimos incas en el refugio de Vilcabamba, cuando se rebelaron contra los invasores españoles.
Era joven cuando llegué al Perú, sólo tenía 30 años, y después de anunciar mis planes de explorar, recibí interés del mundo entero. No quise ser un arqueólogo profesional y limitarme a trabajar para universidades o instituciones. Quería librarme de restricciones académicas. No es que me oponga a la academia, simplemente quería hacer mis propios estudios e investigaciones como persona privada, conduciendo exploraciones free lance. Sin embargo, requería ser entrenado por profesionales, por lo que decidí estudiar privadamente con arqueólogos que gustaran de mis ideas, que eran consideradas revolucionarias en esa época, explica el famoso explorador norteamericano, responsable de innumerables expediciones por tierra y mar (su embarcación de caña construida en el Sima del Callao, La Serpiente Emplumada, ha salido en varias travesías para probar, entre otras cosas, la posibilidad de contacto entre incas y aztecas) y autor de más de dos docenas de libros.
¿A qué ideas se refiere con revolucionarias?
Yo estaba convencido de que la selva del este en algún momento había sido escenario de varias culturas. En segundo lugar, que mientras uno más avance hacia el Este, más antiguas son las culturas que encuentra. Esta idea la saqué de los escritos de Julio C. Tello, gran arqueólogo peruano. Así que tomé la exploración como una especialidad mía, como una rama de la arqueología acentuada en un interés por la investigación histórica. Muchas personas me ayudaron e influyeron en este camino, entre ellas el ex presidente Belaunde: todavía recuerdo las largas charlas en Palacio en torno a la arquitectura preínca, por ejemplo.
¿Con esas teorías empiezan sus primeros hallazgos?
Mi interés en los últimos días de los incas, bajo Manco II y sus hijos, estaba basado en la idea de que Machu Picchu no se adecuaba a los requerimientos de lo que debía ser Vilcabamba. De acuerdo a mi investigación, los soldados españoles que la habían ocupado describieron su topografía como una pampa plana en las profundidades de los bosques al noroeste del Cusco, a varias leguas de distancia. Hubo otras fuentes históricas que la ubicaron en una pampa con 400 edificios. En todo caso, tomé mi primera expedición dentro de Vilcabamba en busca de la ciudad perdida el 1º de julio de 1964, que estuvo seguida por dos expediciones en 1965: el redescubrimiento de Vilcabamba, nuestro primer hallazgo, fue el resultado de una exploración exhaustiva en un periodo de 90 días, utilizando hasta 100 jornaleros expertos en montaña.
¿Redescubrimiento o hallazgo?
Lo que pasa es que Hiram Bingham había visitado el lugar en 1911, pero desafortunadamente no tenía el tiempo o los registros históricos para saber en qué lugares buscar. Su estadía en el lugar fue sólo de un día, más o menos. Sin embargo, su viaje me ayudó en mi propia expedición, aun cuando no encontró Vilcabamba, que estaba cubierta por siglos de gruesa vegetación. Fue una tarea difícil que casi me costó la vida, pero tuvimos éxito en encontrar el lugar histórico del bosque.
¿Tan riesgosas son estas expediciones que lo pusieron en peligro?
Esta primera expedición me enseñó que encontrar restos arqueológicos en la montaña es una especialidad. Requiere un trabajo de equipo y demanda tener confianza en la guía de los cargadores, los jornaleros y los militares del área. Tus mejores amigos son tus trabajadores: sin su entusiasmo y apoyo estás perdido.
Desde esa época hablaba usted de la ciudad perdida
Es que lo que encontramos originalmente en la profundidad de la selva húmeda reforzó mi teoría de que esto no era territorio desconocido para la gente precolombina en el Perú. Lamentablemente, la presencia terrorista nos obligó a renunciar a la expedición de Vilcabamba, por lo que decidí conducir la primera exploración en busca de otros restos en la Selva, específicamente en el legendario El Dorado.
Más que un mito
Ahí empieza entonces la saga de El Dorado
Sí. La historia registra que los jefes chachapoyas, prisioneros de Manco II, intentaron persuadirlo de escapar al norte, a Chachapoyas, donde podrían defenderse contra los españoles en un lugar llamado Rebantuj, una fortaleza que se supone era el lugar conocido como Kuélap. Habíamos escuchado rumores de que había unas ruinas desconocidas en el Pajatén, descubiertas por unos granjeros de Pataz. Un amigo, cazador de Huamachuco, me dijo que él en algún momento había tropezado con unas ruinas en 1963 la misma fecha de aquellas ruinas reportadas por los granjeros de Pataz. Estas ruinas se parecían a los restos arqueológicos de los chachapoyas, así es que iniciamos la búsqueda. Algún tiempo después reportamos este hallazgo a la prensa mundial y, apoyados en estos descubrimientos, exploramos el Amazonas desde 1965 hasta 1970, reportando un gran número de ruinas, cerca de cuarenta.
Pero ha habido búsquedas de El Dorado en otros países. Es decir, ¿por qué considera que estuvo en Perú?
Yo ya había intentado ubicarlo en Brasil, México, Venezuela, Colombia y Mesoamérica sin hallar nada, pero en 1984 me convencí de que sólo podría ser encontrado aquí. Otros hicieron búsquedas anteriores que concentraron sus esfuerzos en bosques bajos, pero ninguno buscó en los bosques altos, como yo hice en mi investigación, así que esto dio una nueva luz sobre la leyenda de El Dorado. Y lo que hemos descubierto en Gran Vilaya (1985) y Gran Saposoa (1999) son los restos de un vasto imperio: templos, fortalezas, centros administrativos, asentamientos agrícolas, pistas de piedra y ciudades como nunca han sido encontradas anteriormente en el Perú.
Pero también podría ser, efectivamente, una leyenda
Si El Dorado fuera meramente mítico, ¿por qué tantas personas se dedicarían a buscarlo con tanto ahínco? La historia escrita y oral relacionada a El Dorado es muy extensa para relegarla a la categoría de leyenda. Lo que hemos descubierto en los pasados 40 años concuerda con las historias de su existencia. Ahora me parece que el legendario El Dorado está de alguna manera relacionado al vasto imperio del reino chachapoya, el cual alcanzó su cenit poco después de la conquista de los españoles en Perú. Nuestro propósito es incrementar el cuerpo de información histórica, al mismo tiempo que nos tomamos la enorme tarea de cambiar las leyendas a hechos.
¿Y qué material utilizó como base histórica?
Usé como guía los escritos de Garcilaso de la Vega, quien escribió sobre la conquista de las siete grandes ciudades chachapoyas por el inca Túpac Yupanqui, en 1475. Garcilaso, por su parte, utilizó los manuscritos perdidos de Blas Valera, en los que se escribía sobre Chachapoyas. Con la ayuda de estos trabajos, creo que las principales ciudades de este pueblo fueron encontradas en la Amazonía, hacia el Este. Esta conjetura ha sido probada como correcta.
Habla de un vasto imperio
Creemos haber identificado las siete ciudades legendarias referidas por Garcilaso como Pias, Conturmarca, Cajamarquilla, Papamarca, Raimipampa, Suta y Llauantu. Pensamos que las tres primeras están en la zona arqueológica de San Martín oeste; Pias, conocido como Gran Pajatén, localizado hacia el sur, en el valle del río Abiseo; Conturmarca, hasta ahora sin nombre, localizada en el valle del Tepna, al norte de Pajatén (explorada en 1999 y reportada al INC en el 2000); y Cajamarquilla, conocida como Gran Saposoa y que descubrimos también en el 2000.
Se enfrentó, entonces, a teorías que señalaban lo contrario
No hay duda de que Vilcabamba desafiaba las teorías existentes. Pero los arqueólogos han probado nuestros hallazgos en Chachapoyas, aunque aún hay muchos, muchísimos más lugares que explorar.
¿Cuál es la importancia histórica?
Hay muchas; entre ellas la posibilidad de entender cómo emergieron los chachapoyas y otras culturas preíncas que se desarrollaron en la selva peruana, cómo fue su relación con el medio ambiente, en condiciones climáticas y de terreno muy difíciles. Toda esta información va a permitir analizar en retroceso y tal vez, alcanzar luces sobre el desarrollo de civilizaciones prehistóricas peruanas. Hemos acumulado un gran número de sitios arqueológicos que ahora están marcados en mapas, y es nuestra meta trabajar en el futuro junto a arqueólogos peruanos profesionales y otros expertos.
El arte de explorar
Planear una exploración requiere un planeamiento cuidadoso, que empieza por saber restringir el área a explorar. Buen equipo, comida e implementos médicos son fundamentales. Transporte y logística también juegan su parte. La selección del personal es importante y tener la ropa adecuada, también. Nosotros no llevamos peso muerto, sino gente profesional, como escaladores de montaña, fotógrafos, geógrafos, cartógrafos y arqueólogos. Hay que estudiar las condiciones del clima y se debe llevar animales de carga y para montar. Se necesitan hombres expertos con el machete para abrir camino, guiadores de mulas y cargadores. ¡La lista es larga!.
¿Y el éxito de qué depende?
Creo que básicamente del buen planeamiento y preparación. Las expediciones que yo he dirigido requieren muchos meses, incluso años de planeación.
¿Cómo logra el financiamiento?
La ayuda a la Fundación de los Exploradores de los Andes, la ONG que fundé y cuya sede está en Reno, Nevada, es obtenida a través de membresías y donaciones individuales, privadas y públicas, que deseen participar, así como de lo recolectado a través de la venta de mis libros o de las colaboraciones de directores de películas, que van hacia el costo de la expedición. Mis exploraciones no son turísticas y nadie recibe una remuneración por nuestros esfuerzos, porque somos voluntarios, salvo lo que hay que pagar a trabajadores peruanos, especialistas, costos de licencia, etcétera. También hemos recibido el valioso apoyo de entidades peruanas como la Policía Nacional, el Ejército y la Marina.
Se dice que esta clase de hallazgos deben ser mantenidos en reserva hasta que el gobierno destine fondos para su protección.
De más está decir que los numerosos hallazgos en el área de Gran Saposoa deben ser reconocidos y protegidos bajo la ley. Restaurar estos maravillosos lugares podría, a futuro, convertirlos en una importante atracción para los turistas. La excavación de Las Cruces por arqueólogos peruanos en julio y agosto del 2001, en uno de los muchos lugares del área que provisionalmente hemos llamado Gran Saposoa, representa sólo el comienzo de la recuperación y proceso de restauración de la exploración actual del programa en San Martín.
¿Y respecto a los saqueadores?
Lamentablemente, las exploraciones clandestinas por personas aventureras y seudoexploradores son comunes, y deben ser desalentadas para evitar saquear las tumbas y la destrucción al azar de lugares históricos y arqueológicos. Desafortunadamente, un gran número de daños y pérdidas ya se han dado en gran parte de la región.
También suelen ser comunes las pugnas y rivalidades entre la gente vinculada a las exploraciones
Yo he trabajado con gran cantidad de estupendos profesionales peruanos, de diversas áreas, con quienes hemos compartido objetivos comunes; pero también debo decir que a través de los años nos hemos encontrado con un grado de fanatismo, celos y discriminación en lo que se refiere al campo de exploración, debido a lo que puede ser determinado como conservacionismo académico o científico. Muchos académicos consideran, en el mejor interés de la arqueología, el no anunciar públicamente los nuevos hallazgos por miedo a que la notoriedad promueva los saqueos.
Desafortunadamente, el negocio del saqueo es un problema de muchos años. La Fundación de los Exploradores de los Andes no apoya o alienta esas actividades ilícitas, pero estamos conscientes de que los saqueadores van a encontrar maneras de continuar con su negocio, sin importarles las buenas intenciones de aquellos que desean dejarlas como un secreto. Por esta razón es de incumbencia del explorador, en colaboración con el gobierno y las autoridades científicas, informar al público para que ellos mismos se puedan interesar en aprender, estudiar y proteger su propio legado arqueológico. Cuando el público está informado, el gobierno está obligado a declarar estos lugares como áreas protegidas y la comunidad científica está comprometida a buscar fondos para su estudio y preservación. Para citar a Colin Renfrew, profesor de Arqueología y director del McDonald Institute of Archaeological Research en la Universidad de Cambridge: "Si vamos a destapar los secretos de la montaña del este, nuevos métodos y filosofías son necesarias, así como una visión más amplia del mundo".
Según entiendo, el premio El Gran Dorado es otorgado por el gobierno de San Martín en Lima. Planeo recibirlo con humildad y gratitud, ya que esto es un gran honor para mí. Si el gobierno peruano y el pueblo lo desean, continuaremos trabajando en el Perú, que es lo que nosotros deseamos.
¿La edad empieza a ser impedimento?
Trato de mantenerme saludable y en buena condición física. Voy a explorar hasta que el cuerpo me lo permita; pero para ser honesto, la exploración es lo que me mantiene joven, y hago un esfuerzo por alentar a exploradores nuevos a continuar el trabajo.